sábado, 23 de agosto de 2008

Terapia del espejo y la grabadora

Desde que Sara era bebita, comenzamos a jugar con espejos, mientras creció, conseguimos unos especiales que no se rompen, son plásticos, y reflejan la imagen con suficiente claridad como para que ella se identificara y pudiera ver lo que hacía. Por un lado, enseñarle a identificarse, a reconocerse, y a la familia. Adicionalmente, hacer muecas, gesticulaciones y vocalizar palabras que en la media que ella fue creciendo, fueron más amplias en sonido, tamaño y pequeñas frases. Ella se veía ante el espejo y vocalizaba con la fonoaudióloga o conmigo, o su hermano. Cuando se tenía la oportunidad, se grababan las voces, de tal manera, que ella luego se escuchara vocalizando de diferentes maneras, y aún hacemos el ejercicio de la grabadora.

Al verse en el espejo vocalizando, de modo sencillo o exagerado, permite que los niños puedan modular correctamente las letras y aquellos fonemas que les cuesta pronunciar fácilmente, en particular, las letras expulsivas, que requieren el uso de la lengua en ciertas posiciones. Al verse ellos mismos, pueden entender lo que se les explica y lo hacen con más facilidad, además de ser un juego divertido el mirarse en el espejo.

Al grabar los sonidos, frases, o textos cortos, Sara va entendiendo donde tiene fallas al pronunciar, y si ella misma no se entiende, entonces puede asumir cuando vocaliza mal, y corregir con ejercicios.

Cantar es una de las mejores herramientas que un niño tiene para adquirir una buena pronunciación, tono y modulación del vocabulario. Incentivarles toda actividad que implique música, canto, danza, ejercicios corporales, es beneficiar su audición, su desarrollo emocional, aumentar sus conocimientos, y fortalecer sus destrezas motrices.

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