domingo, 26 de octubre de 2008

Proceso se adaptación de audífonos

El proceso de adaptación del audífono a un niño o a un adulto debe ser progresivo, constante y controlado.

Generalmente escucho de parte de mamás, o de los terapistas, las constantes dificultades para que los niños se adapten al aparato y me preguntan porqué Sara lo hizo de una manera tan adecuada y no ha dañado ni rechaza el equipo, por el contrario, es tan consiente de la necesidad de utilizarlo, que generalmente se queda dormida con él puesto.

La respuesta es sencilla: el proceso de adaptación que se le hizo. En esto, fueron fundamentales las dos fonoaudiólogas que tuvimos para lograrlo. La otóloga, Dra. Clemencia Barón, y la terapista de lenguaje, Dra. Rocío Monsalve. Ambas, coincidieron que el proceso debía hacerse lentamente, ya que Sara tan solo tenía dos meses de edad cuando se le consiguió el primer audífono. La Dra. Barón, le adecuó un vibrador óseo en una balaca (diadema) muy pequeña, que aún así, era muy grande para su pequeña cabecita y pesada, así que lo que hice, fue tejerle con hilo muy suave de algodón, una redecilla en aguja, que le quedaba como un gorrito y de esta manera, no se deslizaba el aparato. Adicionalmente, cuando salíamos a la calle, le colocaba bonitos gorritos, tejidos, casi siempre hechos a medida para que le ajustaran mejor la diadema y así ella pudiera escuchar el sonido con más claridad.

Inicialmente, el proceso era por pocos minutos: cuando ella estaba despierta, se lo colocaba, hasta que movía la cabeza como indicando que le fastidiaba. Cada hora, por 5 o 10 minutos, lo que ella fuera tolerando. Esto implicaba una dedicación adicional a su cuidado normal, pero es fundamental prestar especial atención a este paso, ya que, de lo contrario, el bebé no logra adaptarse adecuadamente al aparato, no aprende a distinguir la calidad del sonido que percibe y no tolera fácilmente el equipo.

En la medida que se va a hacer el período de adaptación, es conveniente interactuar constantemente con diferentes actividades que incentiven al bebé a estar atento a otra cosa y no al aparato. Es decir, a Sara en estos momentos, le ponía juguetes con sonido, de esta forma, ella iba aprendiendo a que si se dejaba puesto el audífono, podría distinguir los sonidos que sus juguetes favoritos hacían, ya fueran móviles, pelotas, animalitos de peluche.

Para lograr esto, la familia se dedicó literalmente a una cacería de juguetes sonoros, y a adaptar todas las actividades diarias a que la niña pudiera percibir los sonidos que cada una contiene. En la medida que fue creciendo, yo la colocaba en un canguro (o cargador) en mi pecho, y me comenzaba todas las labores diarias: cada espacio era un mundo nuevo a explorar en sonidos, texturas, y claro, sabores, porque lo normal, era que se llevara a la boca todo ¡¡

Al cabo de los seis meses, Sara no se desprendía de su equipo, hasta el día de hoy, continua de la misma manera. Aprendió a no tirarlo al suelo, no mojarlo, a no jugar con él; ella sabe cuando la pila debe cambiarse y lo hace sola. Es importante mantener una buena cantidad de pilas listas, ya que en promedio gasta dos por semana. La calidad del sonido que percibe difiere mucho cuando la pila se está agotando, comienza a hacer ruidos y se pierde calidad, lo que incide notablemente en su estado de ánimo.

Pero este proceso, no se puede limitar a las sesiones de terapia con las terapistas de lenguaje, debe ser guiado en casa, prioritariamente ante cualquier otra actividad. Hablamos de equipos muy costosos, que generalmente debemos conseguir mediante largas demandas ante las entidades de salud y el estado (en el caso de Colombia) y el éxito de el avance en la adquisición de un lenguaje normal, depende del apoyo en casa, de la familia, la participación de cada uno de sus miembros, de llevar a un bebé hipoacúsico, a una vida normal dentro de todas las posibilidades existentes.

Limitarnos a las terapias con los médicos, es cortarle la posibilidad a estos niños de lograr avances muy importantes en su desarrollo. Los primeros años, la constancia y la atención a instrucciones y complementar con actividades en casa, es lo que garantiza que se logre sacar a estos niños, de un mundo de susurros, al mágico lugar donde los sonidos son mas grandes que un arcoires.

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